miércoles, 2 de mayo de 2012

Emoción y aprendizaje escolar


Aunque siempre se ha prestado más atención a otros aspectos que influyen en el aprendizaje, las emociones son esenciales, y si hablamos de la infancia las emociones tienen gran importancia ya que a través de ellas podemos motivar para el aprendizaje escolar.

La atención estaba más puesta en la capacidad intelectual y en las aptitudes en relación con el aprendizaje.  Pero como actualmente los problemas que surgen en la escuela tienen un carácter más emocional, ha hecho que se preste más atención a las actitudes, la motivación y la expectativas. Viendo que que no solamente es importante el cociente intelectual sino también la inteligencia emocional. El fracaso escolar de muchos niños superdotados fue lo primero que llamó la atención hacia los aspectos emocionales en el aprendizaje. Un niño superdotado tiene capacidad intelectual y aptitudes, pero emocionalmente le influye el aburrimiento si en clase no se le proporciona una estimulación adecuada a sus necesidades, lo que le lleva a dejar de prestar atención en clase.

La atención, memoria y el procesamiento de la información en el aprendizaje están muy ligados al estado emocional del niño. Influyen tanto las emociones negativas como las positivas. Una emoción que afecta negativamente es la depresión, donde la idea de incapacidad es más potente que la incapacidad en sí misma. En este estado emocional, cuando un niño tiene desesperanza sobre su capacidad escolar no se plantea metas y, si lo hace, no confía en ello; por lo que su esfuerzo e interés decae. Otra emoción que aunque supone una mayor activación emocional produce también un descenso en el rendimiento, es la ira.  La clave está en el equilibrio emocional, las emociones de intensidad moderada ayudan al aprendizaje, pero la ausencia de emoción y el exceso dificultan el aprendizaje.

Todo aprendizaje necesita su dosis emocional pertinente. La ansiedad, la ira, el entusiasmo, el estrés, el miedo, el orgullo y la vergüenza ayudan a aprender siempre que se den en su justa medida. Sin embargo, la depresión, la desesperanza, una ansiedad muy alta, la rabia dificultan la motivación para el aprendizaje. Por todo esto promover una activación emocional equilibrada y la detección de las emociones negativas que impiden el aprendizaje resultan de gran importancia en el entorno escolar.
Como vemos la emoción facilita el aprendizaje, pero si se da intensa o patológicamente lo dificulta.

Un aspecto con el que se puede crear motivación, es a través del disfrute de la tarea. Dividir las cosas a aprender y presentarlas de la forma más atractiva posible, incluso en forma de juego. Pero cuando la materia a enseñar se complica, el juego es más difícil de presentar, y para generar motivación de forma emocional se puede utilizar la competición, la consecución de premios...

Para motivar a un niño o a un adolescente a aprender hay que utilizar todo tipo de emociones, especialmente las positivas que le animen a realizar el esfuerzo necesario para el aprendizaje. Cuando esto se da también puede aparecer como consecuencia el sentimiento de pertenencia a la escuela, la cooperación con los compañeros y la comunicación afectiva con el profesor. Con todo esto el éxito está garantizado.

Padres y profesores pueden intervenir en la educación emocional del niño, haciendo que este conozca sus puntos fuertes y débiles dándole información puntual sobre su conducta sea esta mala o buena tanto académica como social. Como ya sabemos es muy importante no sólo estar detrás de la conducta inadecuada sino saber reforzar lo adecuado. Y a la hora de corregir, es especialmente importante, no decir "eres" sino "estás" (así indicamos que el fallo está en la conducta y no atacamos a la persona) y a continuación indicar el modo de conseguir la actuación adecuada, y dar apoyo para ello. Suele ser más fácil para los adultos reprender la conducta mala y dejar sin reforzar la buena. Es importante acabar con esta inercia y alabar las conductas deseadas. Sino se puede caer en el error de no prestar atención a los buenos alumnos "porque no molestan" y solo prestar atención a aquellos que presenten peor conducta. Corriendo el riesgo de crear malestar emocional en los buenos alumnos, haciendo que en estos pueda disminuir su motivación e interés.

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