viernes, 12 de abril de 2013

El poder de la respiración: los beneficios de controlarla


Aprender a respirar de manera adecuada y controlada ayuda a reducir la ansiedad y los ataques de pánico. Este tipo de respiración cuenta con otras ventajas como: disminuir ligeramente la tensión arterial, estabiliza el ritmo cardíaco, controla algunos tipos de ataques epilépticos y mejora el rendimiento mental y la circulación sanguínea, así como también parece que maximiza los efectos favorables de la rehabilitación cardíaca. Es importante tener en cuenta como algo tan sencillo puede resultar tan beneficioso.

La respiración es un proceso automático. No obstante, una serie de factores "no automáticos" como la emoción, el estrés o los malos hábitos pueden cambiar la respiración. Ya que esta está muy relacionada con las emociones, por eso se acelera o se calma en función de nuestro estado emocional. Cuando estamos nerviosos la respiración tiende a aumentar su ritmo, cuando estamos tranquilos la respiración se hace tranquila y relajada. Cuando dormimos la respiración se hace profunda y abdominal. Y en los estados de estrés y ansiedad la respiración se hace rápida, superficial y torácica (con la parte superficial del pecho).

Cuando inspiramos tomamos oxígeno y cuando espiramos expulsamos dióxido de carbono; si la respiración es muy rápida, como cuando hiperventilamos, se produce una excesiva concentración de oxígeno en nuestro organismo al tiempo que se reduce la cantidad de dióxido de carbono en sangre. A pesar de que siempre se nos ha enseñado que el dióxido de carbono lo desechamos, éste tiene una importante función en el mantenimiento de una base ácida adecuada en la sangre (o nivel de pH) que es un elemento químico utilizado por el cuerpo para regular la respiración. La hiperventilación eleva el pH sanguíneo y produce una serie de cambios en la química de la sangre y en como esta fluye por el cuerpo y por el cerebro, generándose principalmente una vasoconstricción cerebral, que produce las sensaciones desagradables de hormigueo, entumecimiento, vértigos, mareo, oleadas de calor y frío, tirantez en los músculos, debilidad en las piernas, sentimiento de desmayo, perturbación visual, palpitaciones y aceleración del corazón, nudo en la garganta, temblores, irrealidad, etc. Siendo todas estas sensaciones síntomas de hiperventilación, y de ansiedad.

Entendemos por hiperventilación el aumento en la tasa de respiración por encima de las necesidades de oxígeno del organismo en un momento determinado.

Consejos para conseguir una respiración adecuada:

Evita gritar, comer rápido, bostezar y suspirar rápido y profundo. Habla de forma pausada, en voz baja y con ritmo regular. De tal forma que no fuerces tu respiración. Ya que de lo contrario lo que hacemos es favorecer la hiperventilación.

Nuestro siguiente paso sería concentrar nuestra atención en como respiramos, sin intención de modificar nuestro ritmo. Nos decimos mentalmente una palabra que nos tranquilice, por ejemplo, "calma". No prestamos atención a los pensamientos que nos vengan y dirigimos la atención en la medida que podamos a como respiramos.  Estamos así unos minutos, una vez que conocemos nuestra respiración podemos empezar a practicar la respiración profunda o abdominal para controlarla:

Ponemos una mano sobre el abdomen y otra sobre el tórax (parte superficial del pecho), a continuación tomamos aire por la nariz y lo llevamos hasta el abdomen, sostenemos el aire por un momento y lo expulsamos por la boca en dos veces, despacio, haciendo un ruido suave y relajante. Es conveniente respirar de este modo cuando se experimenta tensión. Es recomendable practicarlo una vez al día durante cinco minutos, se sentirá relajado. Una vez se practique durante al menos diez días seguidos se convertirá en un nuevo hábito y se sentirá mucho más relajado, e incluso dormirá mejor.


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