martes, 27 de marzo de 2012

Un mundo de obsesiones


Más o menos para todos es comúnmente conocido decir de alguien que es "maniático", que tiene manías. De entre todas las manías que se pueden dar, existen algunas que son muy comunes como ordenar las cosas de una determinada forma, por ejemplo, clasificar las camisetas por colores, guardar las latas de cerveza de 7 en 7; u otras más relacionadas con la superstición, como no dejar el bolso nunca en el suelo, no pasar debajo de un escalera, o en el caso del mundo artístico no llevar nada de color amarillo cuando se actúa, etc. ¿Pero cuando se convierte esto en un problema, y pasa de ser una simple manía que puede resultar curiosa a una "obsesión"?

En primer lugar para determinar que se ha convertido en un problema, debe interferir en el día día de la persona, dificultando la realización de sus tareas, trabajo, etc. Bien porque dificulte la concentración para realizarlas, porque robe tiempo para ellas, o porque ya se haya llegado al punto de que impida realizarlas. Por otro lado debe causar sufrimiento y malestar en la persona. En este punto podemos hablar de un problema de ansiedad. ¿Y como se manifestaría?

La persona, de manera muy general, tendría un pensamiento que calificaríamos como "intruso" porque interrumpe el pensamiento y la persona los consideraría como ofensivos, inaceptables o desagradables. Esto en principio es normal, pero se convierte en obsesión no porque este pensamiento se de con frecuencia o sea incontrolable, sino por la interpretación que se le da, que lleva a la persona a tener una reacción emocional de ansiedad o depresión. En la interpretación del pensamiento intruso la persona se ve como responsable de hacer daño a si misma o a otros, o de poder prevenirlo. Porque lo que suele creer es que ese pensamiento desagradable que ha tenido, sólo por tenerlo se puede hacer realidad, como si existiese una relación de causa y efecto en este sentido, no dándose cuenta que pensar algo no es la causa de que suceda. Y por ello cree que la responsabilidad de que ocurra o de que se prevenga está en uno mismo. Y es precisamente esta responsabilidad la que le causa la ansiedad. Aquí es donde empieza el problema. ¿Qué hace la persona para aliviar la ansiedad que siente?

Esta sería la otra parte del asunto, la persona con el fin de impedir que suceda lo que teme realizará una serie de conductas repetitivas, que denominamos "compulsiones". A través de esto la persona alivia su ansiedad en ese momento, hasta que de nuevo le surja la obsesión. Con lo cual se convierte en un círculo vicioso. Y podemos hablar de lo que conocemos como Trastorno Obsesivo-compulsivo.

Pongamos un ejemplo: imaginemos que una persona tiene un día el siguiente pensamiento: "Me robarán en casa próximamente" y en vez de dejarlo pasar sin darle más importancia de la que tiene, empieza a creer que le va a suceder lo que le ocasiona ansiedad y malestar. Para lo cual cree que tiene que comprobar si ha cerrado la puerta todas las noches antes de acostarse, y además cree que tiene que hacerlo de una forma muy específica, por ejemplo, tirando del pomo de una determinada forma, comprobándolo un número de veces determinado, o incluso asomándose a la calle por la ventana antes de su comprobación. Como lo tendría que hacer de esta forma tan específica, si le quedara la duda de que no lo ha realizado como debía, pensará que todavía está en riesgo teniendo que repetir toda la comprobación con todos sus pasos. Algo que implica a la persona un gasto de su tiempo y un aumento de la ansiedad. Cuando ya cree que lo ha hecho correctamente se aliviaría la ansiedad, pero hasta que el proceso se vuelva a repetir. Algo que generalmente nos lleva a la larga a un aumento de la ansiedad, conforme evoluciona el problema.

Entre otros ejemplos, tenemos el ducharse una cantidad de veces al día o frotarse por ejemplo en cada parte unas veces concretas, el lavarse las manos un número determinado de veces, el ordenar las cosas de una determinada manera, el obsesionarse con la limpieza, el comprobar si se ha apagado el gas, la luz, o si se han cerrado las puertas, etc.

Cuantas más conductas tenga que llevar a cabo la persona más rígida se vuelve, no pudiendo salirse de su esquema, lo que cada vez le dificulta más para llevar una vida social, laboral, familiar, etc con normalidad. Porque su ansiedad se convertirá en lo principal, estando por encima de todo lo demás. En la mayoría de las ocasiones, la persona justifica lo que hace diciendo que se lo dice su mente, tratándolo como normal y no pensando que tiene solución. Hay conductas que como son positivas no pensamos que la persona pueda tener un problema, como en el caso de ducharse muchas veces, limpiar u ordenar. Pero cuando observamos que la persona lo hace por aliviar ansiedad, o incluso si se le cambia algo de orden se altera y se pone nerviosa, entonces tenemos un problema.




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